Inmortalidad del Cangrejo

Oleaje ↔ Paz

Este fin de semana -largo para mí- tuve la oportunidad de salir de Santiago. Escapar. Con mi polola decidimos que era justo y necesario cambiar de aire. Tuvimos que decidir nuestro destino. Requisito fue la cercanía, un lugar al que podamos llegar en pocas horas y que estuviese en la costa. Nos enfocamos en la quinta y sexta región. La elección fue: Los Molles, en la región de Valparaíso.

Los Molles

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Vista desde la cabaña hacia la playa Los Molles

Básicamente una caleta de pescadores. Chiquita y apacible. Con caminos de tierra y botes de pesca. Lo mejor era la tranquilidad que se siente en ese lugar. La poca gente, cerca de 700 habitantes, logra que puedas sentir la naturaleza alrededor tuyo. Las aves, la brisa, las olas. Arrendamos un cabaña para los dos -muy recomendable por cierto- ubicada a pocos pasos de todo. Es que el lugar no es extenso. Basta con un día para recorrerlo completamente a pie. Aunque tuvimos la mala fortuna de no poder visitar el Parque Puquén, pues estaba cerrado durante agosto por mantenimiento.

Música de las olas

Libro en la playa

Lectura en Pichidangui

Un de los grandes atributos que encontré tiene Los Molles y también Pichidangui –más al norte–, como buena caleta de pescadores, es su cercanía a la playa. Puedes sentir la brisa marina. Oler ese aire marino. Y escuchar las olas. Lo mejor. Te despiertas con esa música tan agradable, ese deleite para tu paz interna.  Es la mejor compañía que puedes desear para tener un fin de semana de calma, paz y tranquilidad. El oleaje de manera inconsciente te relaja. no debes hacer nada. Yo aproveché la calma para leer. Sentado en la terraza de la cabaña, con vista al mar y el sonido de las olas rompiendo en la playa. En el paseo peatonal de Pichidangui, sentado en una banca mientras el sol acariciaba y la brisa refrescaba. Que manera de disfrutar mi lectura.

En fin, tener la posibilidad de escapar de Santiago y poder irse a una localidad tan apartada y tranquila es algo que todos debiésemos hacer con frecuencia. Te olvidas del bullicio de una ciudad, la gente es amable y te saluda. Es un ritmo de vida mucho más tranquilo. ¿Será que el ritmo de las olas hace que la gente haga las cosas con calma? Yo creo que sí. De alguna forma te controla y te mantiene a raya el stress.

 

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Caja de Pandora, Inmortalidad del Cangrejo

Valparaíso querido

Hoy me enteré de una tragedia. Esta madrugada ocurrió un incendio en la iglesia San Francisco, en el cerro Barón, Valparaíso. Me afecta porque una linda etapa de mi vida ocurrió en esa ciudad. Viví varios años allí y mantengo lindos recuerdos de la ciudad puerto.

Valparaíso es una ciudad que amas u odias, pero no te deja indiferente. Amarla no es sencillo, se le critica que es sucia y peligrosa. Sin embargo, entre calles y cerros guarda una magia. Un encanto. Es la Joya del Pacífico como popularizó Lucho Barrios. Sus casas pintorescas que bañas los muchos cerros que lo conforman. Esas escaleras eternas para llegar a tu destino, ¿cómo no quererlas? También están los ascensores, los pocos que aún funcionan. La brisa marina junto con el ruido de las olas. Son muchas cosas que hacen de Valparaíso esa espléndida ciudad.

La variedad de gente que puedes encontrar en Valpo, la hacen una ciudad cosmopolita. Gracias a su calidad de puerto, con los muchos barcos -de todo tipo- que llegan y sus turistas, mezclados con la enorme cantidad de estudiantes -yo fui uno de esos- añaden otro ingrediente a esa mezcla cultural de la ciudad.

Como homenaje quiero dejarles este video que encontré donde se aprecia Valparaíso desde ángulos pocos vistos.

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